Suele describirse la percepción temporal mediante distintas variables biológicas y psicológicas, que son las que determinan la relación entre el tiempo subjetivo -el percibido- y el tiempo objetivo -el que mide el reloj-.
Las 24 horas transcurridas entre el miércoles y el jueves de la semana pasada son algo más que 1.440 minutos objetivos: suponen un salto decisivo para España y para Europa por la trascendencia de las decisiones adoptadas a lo largo de ese día.
El acuerdo para establecer sanciones a quienes incumplan el Pacto de Estabilidad y criterios comunes para la elaboración de los presupuestos de los estados miembros supone un paso histórico para sentar las bases de un gobierno económico de la Unión Europea. Por si fuera poco, en el mismo Consejo Europeo se decidió impulsar una tasa a la banca para que el dinero público no tenga que salir al rescate de las entidades financieras en caso de futuras crisis, así como proponer al G-20 la imposición de una tasa a las transacciones financieras.
Un día antes, el Gobierno de España aprobaba el decreto ley de reforma laboral, que sienta las bases para adaptar nuestro mercado de trabajo a las necesidades de una economía más competitiva y productiva. Se trata de una reforma vital para adecuar nuestro mercado laboral a las exigencias de una economía muy diferente a aquella en la que se fijaron las líneas maestras que hasta ahora han definido las relaciones laborales en nuestro país. Se impone dar un paso hacia adelante: sustituir la rigidez por la flexibilidad; apostar por la productividad y la formación continua; acabar con la dualidad y primar la estabilidad y la calidad en el empleo, el verdadero talón de Aquiles de nuestra economía.
Ambas medidas tienen un protagonista común: José Luis Rodríguez Zapatero. Ha sido el presidente del Gobierno quien, desde la responsabilidad y el liderazgo, ha dado el impulso necesario para que las instituciones europeas recobren el pulso y que el mercado laboral español supere la parálisis.
Porque ante las crisis hay quienes encaran los desafíos y proyectan el futuro y quienes optan por ponerse de perfil y permanecen anclados al pasado. Zapatero está entre los primeros. ¿Les encaja alguien entre los segundos?
