De hombre de partido a zapador del Estado en menos de un año. José Blanco López (Palas de Rey, Lugo, 1962) se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero. Desde sus despachos en Nuevos Ministerios y en Ferraz controla los resortes de la obra pública, la planificación de las nuevas infraestructuras y la maquinaria del hoy primer partido político español. Blanco, hombre clave del actual momento político, recibió a La Vanguardia el pasado miércoles en la sede los Nuevos Ministerios de Madrid.
- El Gobierno nunca ha deseado unos nuevos pactos de la Moncloa, pero atendió la petición del Rey de un mayor consenso ante la crisis; pacto de Estado que también había sido propuesto por Duran Lleida. De ahí surgieron las reuniones en el palacio de Zurbano. ¿Una mera operación de imagen?
Como ustedes señalan la iniciativa no parte del Gobierno y, por tanto, nadie puede pensar que es una estrategia del Ejecutivo. Pero somos sensibles y entendemos que es positivo buscar el mayor grado de consenso para dar confianza a la economía. Con esa intención se planteó la posibilidad de llegar a acuerdos. Algunos prefieren quedarse en la superficie, y otros queremos ir al fondo de las cosas. Lo superficial es discutir si se tenían que haber hecho las reuniones en Zurbano o en el Congreso, si va a haber o no una foto. Lo importante es que haya una actitud y un compromiso, pues se ha constatado que hay materia para el acuerdo.
-¿Materia para el acuerdo con el Partido Popular?
El verdadero problema es si hay voluntad, y yo no la veo en el Partido Popular.
-Da la impresión de que el Gobierno ha intentado aprovechar las reuniones de Zurbano también para intentar constituir un comité de enlace permanente con CiU.
No estamos pensando en las elecciones, sino en los ciudadanos, y en la mejor respuesta para tratar de crear empleo, facilitar el crédito a las pymes, dar estabilidad y confianza en nuestra economía a los inversores. No hay cálculo electoral o estratégico.
-Es difícil de creer que no haya cálculo electoral o estratégico. Parece evidente que ustedes desean una legislatura más estable. En el PSOE poca gente esconde el deseo de un pacto de legislatura con CiU después de las elecciones catalanas.
Los deseos a veces no se corresponden con la realidad. Yo tenía el deseo de obtener la mayoría absoluta, pero los ciudadanos han determinado que, aunque sea por poco, no la tengamos. Gobernamos buscando acuerdos con todas las fuerzas políticas que quieren acordar. Eso ha permitido aprobar las grandes leyes, las grandes reformas que hemos hecho a lo largo de estos seis años. Trabajamos para buscar escenarios de estabilidad. Por tanto, no excluimos nada; no excluimos ningún escenario, con CiU o con otras formaciones políticas. Estamos satisfechos de los ámbitos de cooperación alcanzados con PNV, CiU, Coalición Canaria y otras formaciones. Si podemos ir más allá y alcanzar más estabilidad, por nuestra parte no quedará. No depende sólo de nosotros.
Duran Lleida acaba de descartar un pacto de estabilidad con un Gobierno que, a su juicio, está “en caída libre”.
Escuché con atención la intervención de Duran el pasado jueves en Madrid y coincido con él en que hay que retomar el sentido de Estado para abordar la crisis económica entre todos y conseguir un adelanto de la recuperación. Pero cuando hablamos de “todos” debemos también darnos todos por aludidos. El Gobierno tiene voluntad de acuerdo.
¿Cabe deducir que el PSOE prestará mucha atención a la gestión del resultado de las elecciones catalanas?
Eso lo determinará, como siempre, el PSC. Deseo que el PSC tenga el mejor resultado electoral que le permita seguir gobernando. No hemos renunciado a gobernar en Catalunya, al contrario, porque hay elementos positivos que pueden ampliar la confianza de los ciudadanos: la seriedad, rigor y honestidad de Pepe Montilla es una baza muy importante.
La encuesta que publicó La Vanguardia el pasado domingo sitúa a CiU al borde de la mayoría absoluta, por una fuerte caída de la coalición tripartita.
Conozco muchas encuestas que a seis meses de las elecciones dan un resultado que luego enmiendan los ciudadanos el día de las elecciones. Conozco bien este terreno. A estas alturas de partido no está nada determinado. Esa encuesta se hizo en un momento concreto de insatisfacción ciudadana como consecuencia de unas circunstancias adversas. Confío en que el PSC va a mejorar.
Habla de las últimas circunstancias adversas. Como ministro de Fomento, ¿qué valoración hace de la gestión de la Generalitat ante la gran nevada y de los apagones en Girona?
Desde que soy ministro de Fomento, con este durísimo invierno que estamos pasando, llevo ya unas cuantas nevadas a mis espaldas. Y cada vez que hay un nuevo temporal siempre encontramos algo que mejorar. Este país no está acostumbrado a sufrir estas nevadas, y menos aún ciudades como Barcelona. Hace tiempo que estamos haciendo un esfuerzo para dotarnos de más y mejores medios, para coordinarnos mejor entre administraciones. Estoy seguro que la Generalitat sacará conclusiones y lecciones, como las he sacado yo. También me siento corresponsable ante esta nevada: hemos tenido cortada la AP-7, que es competencia del Estado.
Desde Catalunya y la Comunidad Valenciana se reclama al Gobierno que dé prioridad al eje o corredor mediterráneo. ¿Cree que esa prioridad será asumida por la Unión Europea?
El corredor mediterráneo no fue contemplado en las redes transeuropeas definidas en el 2003. Eso es responsabilidad de quien gobernaba entonces. Ahora, en plena presidencia española de la UE, estamos haciendo un esfuerzo para poder revisar las redes transeuropeas prioritarias. Estoy seguro de que la metodología de esa revisión quedará definida en junio en la reunión de ministros de transportes que se celebrará en Zaragoza. A partir de ahí, vamos a dar la batalla. Eso no quiere decir que no estemos actuando: en abril presentaré el estudio técnico de todo el corredor mediterráneo, desde Catalunya hasta Algeciras. Desde el primer momento he entendido que este eje es prioritario para el desarrollo económico de una parte muy importante y pujante del territorio español. Esa apuesta la iré desarrollando al margen de lo que decida la UE, con el plan de colaboración pública-privada para el desarrollo de nuevas infraestructuras, que aprobaremos de forma inmediata.
Tiene usted en sus manos la principal máquina de las inversiones del Estado. Pero ahora pintan bastos. ¿Cómo reordenará las prioridades?
Este país tiene que escoger el camino definitivo en materia de infraestructuras. Hay que apostar por hacer las infraestructuras que cohesionan territorialmente el país, de acuerdo; pero hay que hacer aquellas que son imprescindibles para la eficiencia y la competitividad de nuestra economía. Al corredor mediterráneo le doy toda la prioridad. Estoy dispuesto a dar la batalla y a generar complicidades para ganarla.
En el Gobierno y en el PSOE se anunció el semestre de presidencia española de la UE como el punto álgido de la legislatura. ¿No cree que se han frustrado tan altas expectativas?
Habrá que hacer balance cuando concluya el semestre, pero hay ambiciosos proyectos en marcha, como la estrategia 2020 o la gobernanza económica de la UE. Estoy trabajando en un acuerdo de cielos abiertos entre la UE y EE.UU. de una importancia económica extraordinaria si culmina con éxito. También hemos fijado las directrices del cielo único europeo, que significará una reducción de costes del 50% en el 2012. Por tanto, sí hay avances importantes. El problema es que nos hemos instalado en una idea poco patriótica de España… Me acaba de pasar una cosa que algunos habrían vendido como milagrosa: EE.UU. nos ha propuesto que firmemos un acuerdo para formar a técnicos norteamericanos en la planificación, el desarrollo y la ejecución de la alta velocidad ferroviaria. La primera potencia del mundo pide asesoramiento y formación a un país como España. Por eso digo que a veces nos falta patriotismo.
Toda visión crítica también puede ser patriótica. ¿Se han eclipsado las altas expectativas de la presidencia española de la Unión Europea?
Es probable que los debates internos sobre política interior o sobre la crisis estén tapando la agenda y los objetivos que nos habíamos marcado. Sobre todo porque en determinados sectores se trata de sembrar desconfianza hacia el Gobierno. Lo que me preocupa es la solvencia del país. Y eso es lo que está tratando de minar sistemáticamente el PP. Aquellos que tratan de darnos lecciones de patriotismo no son capaces ni por un segundo de anteponer el interés general del país. Insisto, un poco más de patriotismo no nos vendría mal.
En el Gobierno y en el PSOE no son pocas las personas que ya dan por hecho que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero efectuará cambios en el Ejecutivo al término del semestre europeo. Hay coincidencia en que, ante la posible salida de María Teresa Fernández de la Vega, usted mismo, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón aspiran a la vicepresidencia primera.
No me corresponde a mí hablar. Una crisis de Gobierno sólo la puede hacer el presidente. Y conociéndole como le conozco, creo que en la única crisis en la que está pensando es en la económica. El presidente está muy a gusto y satisfecho, y tiene razones para ello, con la vicepresidenta primera. En todo caso, yo no soy aspirante.
¿Sopesa la posibilidad de que algunos de los candidatos para las próximas elecciones municipales y autonómicas salgan del Consejo de Ministros?
Se decidirá en su momento. Pero yo no veo “algunos” candidatos en el Consejo de Ministros, será porque tengo un poco de miopía.
¿Quizá sí “alguna”?
Hay que esperar a septiembre, que es cuando el PSOE decidirá sus candidatos.
¿El gran objetivo para el PSOE será Madrid?
Estoy convencido de que el PP perderá la mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid.
Queda claro, por tanto, que en los próximos meses el PSOE intentará emplearse a fondo para recuperar la iniciativa y el apoyo popular.
Las estrategias, como siempre digo, no se cuentan, sino que se aplican. Somos conscientes de que los ciudadanos miran al Gobierno y no ven que los problemas se estén solucionando con la celeridad que hubieran deseado. Pero no sólo miran al Gobierno; también juzgan a la oposición. El PP dice todos los días que hay que hacer sacrificios, pero ha sido incapaz de hacer una sola propuesta que implique algún sacrificio a los ciudadanos. Quizás en este momento cueste entender nuestra política. Yo les aseguro que tiene principios sólidos: cómo mantener la cohesión para que en un momento de dificultad económica no haya una fractura social que agravaría enormemente la situación. Cuando se vea con perspectiva lo que hemos hecho, la valoración será positiva.
