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Si algo hemos podido comprobar en estos poco más de tres meses de legislatura son las coordenadas en las que va a basar la derecha su estrategia de gobierno: la mentira y la injusticia. Puede sonar duro, pero más lo es la realidad a la que abocan las políticas de este Gobierno al conjunto de la sociedad española. Veamos.

El Partido Popular dijo que no iba a subir los impuestos. Y los ha subido. Dijo que no iba a abaratar el despido. Y lo ha abaratado (hasta el punto de hacerlo libre y gratuito en algunos casos). También dijo que no iba a tocar el desempleo. Y lo ha recortado. Igualmente, dijo que no se iban a tocar las pensiones. Y los pensionistas pierden a cada decisión poder adquisitivo. O que no se iban a tocar la educación ni la sanidad públicas. Y les ha metido un hachazo de 10.000 millones de euros. Al igual que no se iba a implantar el copago sanitario. Y se acaba de aprobar…

Las mentiras son graves. La injusticia es peor. Porque cada una de las rectificaciones de este gobierno se han hecho a costa de incrementar las injusticias sociales.

Porque es injusto que la mayor subida de impuestos que se recuerda en este país se cargue sobre la espalda de los trabajadores y las clases medias, mientras se amnistía a los defraudadores.

Porque es injusto que la reforma laboral se haga a cargo de los derechos conquistados durante los últimos 30 años por los ciudadanos, mientras el Gobierno aprueba unos presupuestos que reconoce que van a generar 600.000 nuevos desempleados.

Porque es injusto que se anuncie una subida de pensiones del 1% y que luego se le anule en muchos casos por la subida del IRPF.

Porque es injusto que a las mujeres se les retire el derecho a decidir sobre su maternidad.

Porque es injusto que una persona dependiente no pueda acceder a las prestaciones que la ley le reconoce.

Porque es injusto que un joven ya no pueda acceder a ayudas para su emancipación.

Todo esto es injusto. Pero lo más injusto es que el Gobierno haya puesto en el disparadero la educación y la sanidad públicas, las auténticas garantías de la igualdad de oportunidades de todos los españoles.

En la primera se nos anuncian despidos de profesores, recortes de becas, aulas masificadas y la mayor subida de tasas universitarias de la historia. En la segunda, recortes de prestaciones, copagos farmacéuticos y quien sabe de qué otro tipo. Porque eso es lo que está detrás de las recortes sanitarios: abrir la vía del repago, pagar dos veces por un mismo servicio, primero vía impuestos y, luego, al hacer uso de ellos.

Y, no contentos con eso, ministros y dirigentes del partido en el gobierno se han permitido decir cosas como que hay que “discutir la cultura del todo gratis en sanidad”, o aún peor, que “necesitamos a la gente para financiar los servicios públicos”.

Parece que el PP desconoce que en este país ni la sanidad es gratis ni los ciudadanos hacen otra cosa que financiar los servicios públicos: lo hacen con sus impuestos y en función de su nivel de renta.

Esa es la máxima de una sociedad justa y cohesionada, contribuir por lo que puedes, recibir por lo que necesitas. La misma que ha quebrado el Gobierno con sus medidas, pues nada es más injusto que penalizar a una persona por estar enferma.

En realidad, lo que alienta en la estrategia de recortes del Gobierno y del Partido Popular es lo mismo que ha alentado siempre en las políticas de la derecha rancia de este país: un profundo clasismo. ¿La sanidad? Para quien pueda pagársela. ¿La educación? Para quien pueda pagársela ¿La dependencia? Para quien pueda pagársela. ¿El aborto? Para quien pueda pagárselo.

En suma, cada medida que adopta el Gobierno es una invitación a las clases medias a que acudan al sector privado en busca de unos servicios, hasta ahora públicos, a cada decisión gubernamental más depauperados. Inoculando, además, en ellas el virus de la desafección hacia unas políticas que garantizan la cohesión social pues, si el Estado no me garantiza unos servicios públicos de calidad y tengo que pagarme unos privados ¿para qué pagar impuestos?

Alguien dijo que un servicio para los pobres se convierte inevitablemente en un pobre servicio cuando la clase media los abandona. En nuestras manos está frenar al Gobierno en su deriva.

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