Si no lo ha hecho ya, le aconsejo que trate de dar un paseo por Berlín en compañía de alguien que tenga menos de quince años. Mientras caminan por Unter den Linden hacia la Puerta de Brandenburgo, intente contar a su joven acompañante la historia del Muro de Berlín. Pronto notará que no la comprende en absoluto. Que le resulta imposible encajar en sus esquemas mentales la lógica (¿?) de algo tan aberrante y tan bestialmente irracional.

Le mirará con estupor mezclado con una cierta incredulidad: como quien escucha una historia apasionante pero que no puede haber ocurrido en la realidad.

Piénsenlo: una guerra sanguinaria, la más terrible de la historia. El país derrotado, dividido en dos partes. En medio de una de ellas está la capital, dividida a su vez y ocupada por las potencias vencedoras, ahora enfrentadas mortalmente entre sí. Atravesando el centro, un gigantesco muro de cemento y alambre que incomunica por completo unos barrios de otros, separa a las familias y convierte a los ciudadanos en rehenes dentro de su propia ciudad. La gente jugándose la vida por escapar de la zona oriental por dónde sea: saltando el muro, haciendo subterráneos, arrojándose desde las ventanas. Los policías disparando a matar a los fugitivos. En los puestos fronterizos, los tanques de uno y otro bando, vigilándose día y noche. Y la supervivencia del mundo pendiente de aquel lugar, sabiendo que un movimiento en falso, un oficial que se ponga nervioso, un tanque que avance unos metros de más puede desencadenar la hecatombe definitiva.

Así durante varias décadas. ¿Suena o no a aventura de ficción?

Puede que su acompañante le pregunte: Si la parte más hermosa de Berlín es la oriental, ¿por qué la gente se jugaba la vida para escapar de allí? Y la respuesta, naturalmente, sólo es una: por la libertad.

De entre todos los valores políticos, la cuestión de la libertad es previa a todas las demás. Si hay libertad, podemos empezar a discutir sobre el resto. Si no hay libertad, lo único que importa es conseguirla. Todo los demás puede y debe esperar.

Para mí, los gobernantes se dividen en dos grandes grupos: los que fusilan y los que no fusilan. O lo que es muy parecido, los que encarcelan a sus oponentes y los que simplemente discuten y compiten con ellos. Sólo en lo que se refiere a los segundos tiene sentido plantearse si uno está más o menos de acuerdo políticamente. Con los otros, los que fusilan y encarcelan, no hay debate posible: directamente, son el enemigo y sólo interesa librarse de ellos cuanto antes.

El siglo XX ha sido pródigo en dictadores. Una de las actitudes más perversas –y, desgraciadamente, más extendidas- es hacer distingos entre ellos según el discurso ideológico con el que pretendan revestir la opresión. Siempre estaré más cerca de un político democrático de derechas que de un dictador pretendidamente de izquierdas.

Ahora que vuelve a estar de moda abominar de la política como actividad y de los políticos como especie, conviene recordar que  la política sólo es posible en la libertad. La dictadura no es política, es simple brutalidad, poder ilegítimo impuesto por la fuerza. Y probablemente, digan lo que digan los libertarios, la libertad sólo se consigue y se conserva mediante la política. La anarquía es el camino más directo hacia la tiranía.

Y ahora que está de moda denigrar a los partidos políticos, no está de más repetir que los partidos son parte esencial del único sistema civilizado de gobierno que hemos  sido capaces de alumbrar los humanos. Y que, con todos sus problemas y defectos, hay una cosa que es mucho peor que los partidos: la ausencia de ellos.

Veinte años después de la caída del muro, es una hermosa experiencia caminar  por Berlín con un niño al lado y llegar a la Puerta de Brandenburgo hablando de libertad.

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Category: libertad, paz, política
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28 Responses
  1. kuark dice:

    Los muros de la vergüenza

    Es cierto que durante Lenin y Stalin se cometieron crímenes abominables(menos que los que produjo Hitler y la Iglesia).Creo sería justo que todos los europeos,defensores de la libertad y de la democracia,reflexionaramos sobre la seguiente cuestión:¿Dónde estaría ahora Europa,si la Unión Soviética no hubiera derrotado a Hitler?….Gracias a los recursos acumulados en los aňos veinte y treinta,los soviéticos han podido vencer al fascismo.Gracias a la industrialización de esas dos décadas,la U.Soviética pudo defenderse de las garras del fascismo.Si no fuera por esa gran aportación,en Europa,en vez de la Interpol,tendríamos,no una “gestapillo“,sino que,muy probablemente,una unión entre la Gestapo y otra facción parecida a la de la Inquisición.(no olvidarse de la célebre alocución de un cardenal de la Iglesia dirigiéndose a los católicos:“Si el fascismo avanza,la causa del Seňor avanzará con él“).
    En Occidente tenemos pendiente otros muros que también causan vergüenza y asco:
    paraísos fiscales/desigualdades aberrantes entre clases/corrupción/miseria/hambre y enfermedades de muchos seres humanos.
    La libertad,si no va acompaňada de medios que permitan a sus ciudadanos disfrutarla,es un gran sarcarmo y una burla a la inteligencia.Gobiernos que presumen de socialdemócratas,apoyan a la gran banca y a la Iglesia(imperio económico con antecedentes históricos demostrados de enfrentamiento con partidos de países democráticos con el fin de evitar pagar impuestos,además de gozar de exenciones de IVA,IBI,etc.)….

    .

    E

  2. enric doménech dice:

    Y seguimos viendo muros que separan familias, que separan mundos, que separan espíritus. Corea, o Israel, son ejemplos gráficos de una serie inacabada de cine negro.
    Y seguimos construyendo muros entre los pueblos ricos y los pueblos pobres.
    Y seguimos levantando muros entre nosotros y quienes nos rodean; unas veces por miedo, otras, por falta de seguridad, nos recluimos en nuestro interior, por temor a abrirse al mundo, a lo extraño, a lo nuevo.
    Y seguimos divisando un muro bravo como el mar en temporal, con radares, y gendarmería, policía, y ejércitos, para frenar la llamada avalancha de la pobreza, para frenar la llegada de ‘clandestinos’, sea en el Mediterráneo, sea en río Bravo, sea en la costa Nord-africana, sea en los controles aduaneros de aeropuertos, puertos o Schengen.
    Y seguimos a pesar de las críticas, a pesar de nuestras experiencias, a pesar de los reveses de la vida, confiando en el ser humano.
    Y seguimos confiando en las personas que lideran los cambios, quienes lideran los grupos, quienes lideran los proyectos, porque siempre nos hemos sentidos parte de ese cambio.
    Y seguimos levantándonos cada día pensando que un futuro y un presente mejor es posible.
    Y seguimos adelante, soñando despiertos, y despertando de los sueños, porque seguimos haciendo realidad los sueños de alguien, aunque sea desconocido, aunque nunca sepa por qué, o cómo, o por quién o quienes, o cuando fue posible seguir soñando.
    Y seguimos militando, y seguimos participando, y seguimos sobreviviendo, y seguimos amando.
    Y seguimos…

    Un abrazo, de nuevo,

    enric doménech

  3. Pedro Centeno dice:

    A mí me preocupan sobremanera otros muros que no hemos derribado, como el de Palestina, o los del Sáhara, Corea o Irlanda. Y eso hablando sólo de los muros físicos.

  4. Agua dice:

    Como en otros sitios de internet estoy mostrando mi apoyo a las familias de los marineros del Alakrana, me gustaría en este -y seré breve-, enviar un mensaje de apoyo y cariño también al Gobierno, que no me cabe duda de que, después de los marineros y sus familias, es el que peor lo está pasando también en este momento.

    Mucha mucha suerte y mucho mucho ánimo.

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