Por mi edad, no tuve ocasión de votar en el  referéndum del 6 de diciembre de 1978 en el que el pueblo español aprobó la Constitución. Estoy entre los españoles cuya vida adulta se ha desarrollado por completo en democracia y bajo el amparo de la Constitución refrendada aquel día.

Pero esta circunstancia no nos impide a quienes hemos podido vivir en libertad comprender con claridad que ese día marca un antes y un después en la historia contemporánea de España.

31 años de vigencia de un texto constitucional no es mucho si lo comparamos con algunas otras constituciones centenarias; pero es una cifra muy valiosa en un país cuya historia constitucional ha sido la de una sucesión de fracasos.

Y lo es mucho más porque todo nos permite esperar que esta Constitución va a seguir rigiendo el devenir de España durante muchos años más, porque ha enraizado en nuestro ser colectivo y porque, como los árboles de raíces profundas, fuertes y sanas, está en condiciones de sobrevivir a varias generaciones de españoles.

¿Qué tiene la Constitución de 1978 que no pudieron tener las anteriores, que no lograron perdurar?

Sintetizando, yo diría que las Cortes elegidas en 1977 fueron capaces de dar las respuestas más adecuadas a las cuestiones trascendentales de España: a las de su pasado y también a las de su futuro.

En primer lugar, la más sensible de todas: la cuestión de la convivencia entre los españoles.

La Constitución crea un marco estable de convivencia aceptable para todos y por todos respetado; ese “proyecto sugestivo de vida en común” que añoraba Ortega. En realidad, puede decirse que la Constitución supone la declaración real del final de la Guerra Civil.

Y digo esto en sentido amplio: es decir, como el largo período en el que unos españoles luchaban por imponer a todos los demás su idea de España, más por las malas que por las buenas; en que cada una de las dos Españas, como decía el poeta, buscaba helar el corazón de la otra España.

Una ley por sí sola no trae la convivencia, porque ésta depende de la voluntad de convivir; pero no es posible la convivencia sin una ley, sin unas reglas de juego comunes y admitidas por todos. Esa es la función esencial de la Constitución.

Así lo proclama su Preámbulo, redactado por don Enrique Tierno Galván: Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Para hacerlo, la Constitución se propone y consigue dar respuesta a las principales cuestiones sobre las que había estado girando el debate y la contienda política en España durante casi dos siglos: el papel de la religión, de las Fuerzas Armadas, la corrección de las desigualdades sociales o la búsqueda de un modelo de organización territorial del Estado y de distribución del poder capaz de armonizar la realidad plural de España con su identidad como nación compartida por todos.

Pero, sobre todo, da respuesta a la gran cuestión: la cuestión de la libertad. La democracia, los derechos humanos, las libertades individuales y colectivas no como un paréntesis o una excepción en nuestra historia, sino como la regla que ya nadie tiene la tentación de ignorar y a la que nadie está dispuesto a renunciar.

Pero la Constitución, además, ha demostrado ser un instrumento útil para gobernar el presente y mirar el futuro con confianza.

Ha servido para articular y hacer funcionar un Estado moderno, democrático y descentralizado; para integrarnos en Europa después de muchas décadas de aislamiento y trabajar como uno de los países más activos e importantes de la Unión; para recuperar el papel de España en el mundo; y, sobre todo, para encauzar la más espectacular transformación económica y social que haya tenido un país occidental en las últimas décadas, reduciendo las desigualdades territoriales y fortaleciendo la cohesión territorial.

Pocos discuten ya que ese fenómeno ha sido la consecuencia directa de la puesta en funcionamiento del Estado autonómico.

La Constitución Española de 1978 ha sido un éxito. Y lo ha sido porque nadie quiso imponer a nadie sus ideas, sus valores o su visión de España.

La hicimos juntos; la votamos juntos y la estamos aplicado juntos con la indiscutible e innegociable voluntad de vivir juntos. Por eso funciona.

P.D.: No puedo, ni quiero, terminar esta reflexión sin rendir un sentido homenaje a un hombre clave en la historia de la Transición: Jordi Solé Tura. Solé consideró el honor más grande de su vida ser padre de la Constitución. El honor más grande de nuestras vidas será conservar su legado y recordar siempre su capacidad de trabajo, honestidad, generosidad y firmes convicciones democráticas como guía de nuestras acciones.

  • Share/Save/Bookmark
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
38 Responses
  1. Francisco José Vares dice:

    Hola señor ministro y hola a todos

    Bueno…tras unos dias sin ojear su cuaderno, vuelvo con renovados pensamientos acerca del tema que nos ocupa en esta pagina que no es ni más ni menos que el documento de 1978.

    ¿Es España una nación donde la redacción de este tipo de leyes suponga cambios significativos de cara al futuro sin mermar la estabilidad estructural de la politica o su credibilidad?

    La estabilidad politica de España indudablemente se ha potenciado los últimos meses porque el ejecutivo a sacado a los terroristas de las calles y los ha encerrado en calabozos.

    Eso ha repercutido en la percepcion de los ciudadanos positivamente para los politicos, sin duda.

    Por otra parte, si bien el ejecutivo se ha mantenido firme en asuntos que atañen a los asuntos del ministerio del interior, tambien ha sabido homogeneizar esa politica de fuerza con politicas más acordes con los principios del documento de 1978 como por ejemplo, la negociación del secuestro del Alacrana que si bien y segun los medios ha supuesto un tirón de orejas para España por parte de la unión europea, tambien ha supuesto un punto a favor para el gobierno al liberar sanos y salvos a la tripulación del buque.

    Es decir, todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes segun se mire.

    La constitución, como todo, tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

    Entre sus ventajas está por ejemplo, el haber propiciado la convivencia propicia o cordial entre los ciudadanos y entre sus inconvenientes, la aparente llegada a su fin de este modelo que parece tener sus dias contados en este nuevo mundo neoliberal, ecologista y protector que es o tiene sus bases en la nueva era de las telecomunicaciones.

    Todo se antoja anticuado cuando pensamos en la constitución de 1978. No puedo por menos pensar en un grupo de sabios redactando dicho documento a la luz de las velas y eso serviria en los 80, los 90 e incluso la primera decada del presente milenio pero con la modernidad que se respira en ciertos sectores de la sociedad actual pareceria necesario una vuelta de tuerca, un nuevo marco regulador, unas nuevas bases, un nuevo espiritu y todo ello para fortalecer a España, para hacer de España una nación más próspera, más dinámica, más estable dentro de la inestabilidad y más consecuente con sus actos, sean de la naturaleza que sean.

    Hasta aqui mi punto de vista, ahora bien, ¿ de verdad estamos dispuestos a sacrificar algunas aspectos de nuestra vida para construir un nuevo modelo o marco regulador?

    Esta pregunta se me antoja dificil de responder.

    Si se le pregunta a ciudadanos acaudalados, responderan que no quieren sacrificar algunas aspectos relativos a la propiedad o aspectos economicos de dicha disyuntiva.

    Si se le preguntan a los profesionales liberales, responderan posiblemente que si pero siempre que el nuevo marco responda a intereses ligados a las politicas energeticas y su relacion con las politicas medioambientales, algo que por otra parte representa un filón para la nueva España.

    Si hacemos la pregunta a ciudadanos de a pie, responderán que si si con los nuevos cambios se les hacen más participes de la sociedad o por lo menos si se le conceden ciertas libertades, unas olvidadas o bien, en otros casos, omitidas en el fondo o en la forma.

    Si se lo preguntamos a los sectores ultraconservados, llamense clero, derecha, derecha radical o como quiera llamarse, responderán que no, que todo se quede en su sitio y en todo caso, que se mejoren las condiciones que permiten la conservación de su patrimonio, un patrimonio que en algunos casos es de todos los españoles y las españolas y que en otros solo son vestigisos de una epoca inmediatamente anterior a la redacción del documento del 78.

    Saludos y gracias.

  2. Jechal dice:

    Supongo que todo ciudadano, si se le pregunta, cambiaría algo, mucho o poco, el contenido de la Constitución de 1978.
    No es menos cierto que si se pregunta sobre los contenidos a modificar, ya no existiría un gran acuerdo sobre los mismos, e incluso, muchas de las modificaciones que se pueden tener en mente, podrían realizarse modificando o creando nuevas leyes orgánicas sin necesidad de variar el texto constitucional.

    Hace tan sólo un poco más de treinta años se estableció un marco de convivencia que hemos venido desarrollando y poniendo en práctica día tras día, cada uno y cada cual la parte que le corresponde o que le toca en cada momento y además, podemos felicitarnos todos por haberlo hecho incluso más que bien, a la vista de los resultados obtenidos. Aunque como casi siempre, podemos y debemos exigirnos más, esto no implica modificar, actualmente, al menos, nuestra seguro “imperfecta” Constitución de 1978.

    Y es que no debemos confundir la gran demanda social de consensuar ampliamente determinadas e importantísimas “Políticas de Estado” (en temas internacionales, inmigración, educación básica de los ciudadanos, la ética de los organismos públicos, por citar algunas), con una reforma constitucional que equivaldría a modificar sustancialmente el funcionamiento, articulación y forma del Estado o de los derechos y libertades fundamentales y básicos que garantizan la convivencia.

    Por último, señalar que si bien es cierto que esta Constitución de 1978 pone fín de manera virtual a la Guerra Civil, iniciandose el necesario proceso de reconciliación, (que debió producirse y no se hizo en 1939) no es menos cierto que el daño, el lucro cesante y la ausencia de oportunidades que durante 40 años de asquerosa dictadura sufre media España a favor de la otra media, no se ha reconocido todavía, equivocándose quien piense que es un tema cerrado en 1978, pues de hecho, tenemos por delante más de 150 años para terminar de cerrarlo debidamente, pues aún hoy, y a título de pequeño ejemplo, hay quien vive en la calle de algún general fascista, asesino, o asimilado, pese a la existencia de una prohibición legal al respecto. Es lo que tienen las guerras civiles de exterminio del enemigo. Pero que nadie dude que se cerrará pacífica y debidamente, le pese a quien le pese.

    Salud y suerte para tod@s.

  3. Beatriz dice:

    Francisco, a las matemáticas yo lo que creo que les pasa, más que nada, es que no suelen ser entendidas :D … es su sino…o el nuestro…

    Por lo demás, es tu opinión, ahí queda y bueno es en mi opinión que quede, pues, como tú mismo decías mensajes atrás: “Por supuesto yo si creo que debería luchar y dar mi vida llegado el caso para que fueras libre de pensar lo que piensas aunque no sea lo mismo que yo, o por eso mismo.”

    Por lo que por mi parte, nada más, que además ya abuso sobremanera de la amabilidad del lujo de moderador que tenemos en este blog (mis disculpas por cierto por el abuso y muchas gracias por su hospitalidad, don José :D ).

    P.D. Romualdo, me gusta leerte.

Leave a Reply

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>