Hay que admitir que en 2009 lo hemos pasado regular tirando a mal. Cada persona es un mundo y, en el universo de cada cual, habrá historias para todos lo gustos, desde dramas insoportables hasta enormes satisfacciones, triunfos, metas alcanzadas, deseos largamente aplazados y por fin cumplidos. En el tiempo que tarda este planeta cada día un poco más deteriorado en dar la vuelta al Sol puede ocurrir casi todo (y más debería ocurrir si fuéramos más conscientes de que el número de vueltas que cada uno de nosotros va a dar alrededor del Sol es limitado y no desperdiciáramos el tiempo como si nos sobrara).

Aunque a veces nuestra propia finitud se convierte precisamente en el obstáculo principal para resolver los grandes problemas de la humanidad. Estoy convencido de que gran parte de las dificultades y resistencias que impiden poner en marcha de verdad una actuación mundialmente concertada frente al cambio climático tienen que ver con el hecho de que todos los que tienen que impulsarla no se sienten personalmente afectados por sus objetivos: tanto la amenaza como la solución se ven más allá de sus horizontes vitales.

Esto de trabajar para el bienestar de las generaciones futuras está muy bien, pero la cuestión medioambiental no se convertirá  para la generación actual en la prioridad absoluta que objetivamente merece ser mientras siga apareciendo como una limitación voluntarista a la prosperidad y al crecimiento actual. El hecho de montar un modelo de producción y de trabajo ambientalmente sostenible tiene que convertirse en una gran oportunidad económica y social, en una fuente de riqueza en sí misma, en un motor del crecimiento. Si me apuran, en un buen negocio. Si no es así, la decepción de Copenhague seguirá siendo la norma hasta que la cosa ya no tenga remedio.

Lo cierto es que en 2008 se desencadenó el temporal que estuvo a punto de llevarse por delante el sistema financiero mundial y en 2009 hemos padecido las consecuencias sobre la llamada “economía real”.  Si la crisis es lo que precede al cambio, hemos tenido la crisis más intensa para el cambio más profundo.

Es cierto que 2010 será el año de la recuperación. Para ser más exactos, el año del principio de la recuperación. Pero lo más importante es que entendamos que en este caso la recuperación no consiste –no puede ni debe consistir- en regresar al punto de partida ni en reconstruir la situación anterior. A la salida del túnel encontraremos un paisaje completamente distinto al que dejamos atrás. Y cuanto antes nos adaptemos a él, a una forma nueva y distinta de producir y de trabajar, mejor será nuestra vida futura. La vida colectiva y, en muchos sentidos, también la individual.

Aunque los grandes cambios históricos requieren períodos de tiempo prolongados para madurar y consumarse, todos tienen fechas referenciales. Nos enseñaron en el colegio que 1492, fecha del descubrimiento de América, marca la frontera entre la Edad Media y la Edad Moderna; y que el paso de ésta a la Edad Contemporánea se sitúa a partir de 1789, con la Revolución Francesa.

Los futuros libros de texto de Historia Económica dirán que entre la primera y la segunda década del siglo XXI se fraguó el tránsito de la economía industrial, basada en máquinas movidas por el petróleo y el carbón, a la economía tecnológica, basada en el conocimiento y movida por fuentes de energía limpias y renovables. Y que ese tránsito se anunció a los trompetazos de una crisis mundial que sacudió los cimientos del sistema económico y también los de la sociedad misma.

Pero todo indica que esta nueva vuelta alrededor del Sol que estamos a punto de empezar va a ser mejor que la anterior. Veremos más cerca la salida del túnel de la crisis. Iremos descubriendo un nuevo mundo de desafíos y de oportunidades en la llamada economía sostenible, que va mucho más allá del texto de una ley.  Aprovecharemos el hecho de que  durante los primeros seis meses nos tocará presidir la Unión Europea para fortalecer  los mecanismos de concertación internacional, que son los únicos que se han mostrado eficaces cuando las cosas se han puesto feas de verdad. Seguiremos ganando la batalla contra el terrorismo, aunque aún querrá golpearnos.

Y si de paso mejoramos un poquito nuestra convivencia cotidiana, miel sobre hojuelas. Todo consiste en intentar tener una vida grata no haciendo ingrata la del prójimo. Más fácil de decir que de hacer, ya sé. Pero este es mi deseo para ustedes y mi propósito para mí mismo en el nuevo año. Muchas felicidades a todas y a todos.

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22 Responses
  1. Manuel dice:

    Este comentario está destinado a quedarse en “pendiente de moderación”, pero realmente no me importa. Vaya por delante que no soy del PP y tampoco del PSOE, soy de los millones de españoles no partidistas que votan según creen que van las cosas. En mi opinión no vísteis el problema y seguís sin verlo. Este año 2010 va a ser demoledor, y el 2011 y el 2012, 13 y 14, por lo menos. Quién diga lo contrario no se está dando cuenta del profundo problema que tenemos en España. El paro puede que deje de crecer en algún momento del año 2010, pero lo que es seguro es que no va a bajar en varios años. Un estado con más de 4 millones de parados tiene un problema social, estructural con resultados catastróficos. El primero de estos resultados es el desapego de los ciudadanos al sistema demócraticos y a la clase política, esto está empezando pero va a incrementarse en el futuro. Os ven como personas dedicadas al lucro personal y a la corrupción de la sociedad (a todos lo políticos de todos los partidos). Este desencanto es muy peligroso y no se soluciona insultando cada vez más y más fuerte a los contrarios, porque ahora todos sois contrarios a los ciudadanos (esa es la percepción general). La segunda de las consecuencias es que la recaudación ha bajado tanto que no va a haber dinero para gastos en muchas administraciones, los ayuntamientos van a entrar en quibra técnica, las autonomías, etc.. muchas cajas de ahorros van a quebrar y no habrá dinero para pagar a los ahorradores, en fin el panoramos se presenta desolador.
    Yo soy católico y creo que el problema surge de un error religioso, no económico, no político, para mi todo empezó cuando Zapatero dijo que eso de que la verdad nos haría libres era una bobada, que lo realmente importante es que la libertad nos haría verdaderos, sigue ese razonamiento y acaba con la verdad, deja de mirar a la realidad de frente y terminas negando lo que hay a tu alrededor y no pudiendo defenderte de las circustancias.

  2. RAMON POMBO ALONSO dice:

    Enhorabuena Sr. Ministro. Hay que ver la realidad y es que gracias al Gobierno, la ” crisis” está dominada, pese a las trabas y augurios catastrofistas de los dirigentes del pp.

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