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Tras tantas horas de debate sobre el estado de la Nación, Zapatero ha dejado una idea bien clara: estoy haciendo lo que España necesita y lo seguiré haciendo cualquiera que sea el coste que tenga que pagar por ello.

Lo que España necesita en este momento, en esta fase de la lucha contra la crisis,  está claro para todo el mundo, dentro y fuera de nuestro país. España necesita austeridad y reformas.

Austeridad para volver a equilibrar nuestras cuentas, que se desequilibraron seriamente por el esfuerzo que hubo que hacer para parar los primeros golpes de la crisis. Para recuperar la confianza y que el pago de nuestra deuda no se convierta en un lastre insoportable. Controlar hoy el gasto, también el gasto social, para poder seguir haciendo políticas sociales sin riesgo de una bancarrota que se lleve por delante lo que tanto nos ha costado conseguir.

Y reformas hoy para no tener que lamentarnos mañana de no haberlas hecho, como tantas veces ha sucedido a lo largo de nuestra historia. Reforma laboral para que hacer un contrato fijo a un trabajador no sea una piedra colgada al cuello del empresario, sino al contrario, una relación ventajosa para ambas partes y favorecedora de la productividad y de la calidad del trabajo. Reforma del sistema financiero para darle estabilidad y evitar convulsiones dramáticas como las que ha generado esta crisis. Reforma energética para reducir la dependencia del petróleo y hacer más con menos: ser a la vez más productivos y más limpios. Y reforma del sistema de pensiones para proteger las pensiones. Para adaptarnos a un futuro en el que casi uno de cada tres ciudadanos será mayor de 60 años, tendrá aún una larga expectativa de vida y además estará en excelentes condiciones físicas y mentales. Reformas para producir más y mejor, para competir, para no volver a quedarnos atrás.

Austeridad y reformas son la fórmula para avanzar en esta fase de la lucha contra la crisis. Si todos estamos de acuerdo en ello, no debería ser difícil que todos remáramos en la misma dirección. Pero no es así, porque lo que España necesita no coincide con lo que algunos, singularmente el PP, creen necesitar. Y en ese dilema, pierde España.

Pero además, el debate nos deja una gran pregunta. Visto lo visto y oído lo que hemos oído, ¿para qué sirve, a día de hoy, Mariano Rajoy?

No sirve para ayudar a que la economía se recupere, puesto que ha decidido que su función en la vida no es hacer que España salga de la crisis, al menos mientras gobierne Zapatero. Al contrario, ha puesto todas sus esperanzas en que el viento de la crisis le conduzca a la tierra prometida del poder sin que él tenga que hacer nada por conseguirlo.

No sirve para tener políticas alternativas, porque ha decidido que las propuestas y las alternativas sólo sirven para comprometer al que las presenta, y nada más lejos de su intención que comprometerse en este momento con algo de lo que luego tuviera que responder.

No sirve para su partido, cuyas cabezas pensantes han decidido hace ya tiempo que tendrán que intentar ganar las elecciones a pesar de Mariano y no precisamente gracias a él. Es evidente que no será la arrolladora personalidad del líder, ni  el entusiasmo que suscita en la sociedad, ni la fuerza de sus propuestas políticas lo que proporcione la victoria al PP. Así lo han comprendido, y actúan en consecuencia.

“Mariano, tú no hagas nada. Ruedas de prensa sin preguntas. Discursos enlatados. Los temas conflictivos, ni tocarlos. Y, por supuesto, nada de propuestas, que las carga el diablo. Palo y tentetieso a Zapatero, esto lo arreglaba yo en un santiamén y ni un paso más. Y empieza a pedir elecciones ya, no vaya a ser que esto de la economía empiece a arreglarse…” Y él, tan feliz con el consejo, que es como un traje a la medida.

Dicen que para estar en condiciones de ganar unas elecciones, lo primero que tiene que hacer un dirigente es no pensar todo el tiempo en ellas.  Aunque si lo pensamos bien, el que la derecha española se obsesione con las elecciones no deja de ser un gran avance en términos históricos…

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Category: economía  28 Comments